Radio María México- Voz de Esperanza

¡Quiero: queda limpio!

En las lecturas de hoy suena muchas veces la palabra que, solo al oírla nombrar, ha suscitado angustia y espanto durante milenios: la Lepra, la cual tiene dos connotaciones en la sagrada escritura, la primera contagiosa que podía infectar a cualquiera, que se pusiese en contacto con el enfermo; la segunda, que fuese un castigo por el pecado. Todo esto añadía al sufrimiento físico igualmente el sufrimiento moral del juicio y del desprecio de la sociedad.

El pobre leproso, arrojado fuera de la compañía humana, además de eso, él mismo debe estar lejos del resto de las personas advirtiéndoles del peligro. Más ahora, veamos cómo se comporta Jesús en el Evangelio.

Jesús no tiene miedo de contraer el contagio, permite acercarse al leproso junto a él y ponérsele delante de rodillas.  Más aún, es una época en que se creía que solo el acercamiento de un leproso era suficiente para que se transmitiese el contagio, él “extendió la mano y lo tocó”.  No debemos pensar que todo esto sucediese de una forma espontánea y que no le costase nada a Jesús.  Como hombre, él compartía en esto como en otros puntos las persuasiones de su tiempo y de la sociedad en que vivía.  Pero, en él la compasión por el leproso es más fuerte que el miedo a la lepra.

Jesús pronuncia la frase entre las más sublimes y divinas, “Quiero: queda limpio”, Jesús demuestra poder efectuándolo, con ello, él revela su trascendencia divina, solamente él puede decirlo en primera persona, porque sabe que él es una sola cosa con Dios. 

Hoy en día se habla de las nuevas lepras y los nuevos leprosos, con estos términos no se entienden tanto las enfermedades incurables de hoy, cuanto las enfermedades como el VIH o la misma droga, de las que la sociedad se defiende, como hacía con la lepra, aislando al enfermo y dejándolo al margen de sí misma.

La curación del leproso llega a ser, por lo tanto, la ocasión para tomar conciencia de la curación más grandiosa aún, que ha tenido lugar en nosotros mismos, cuando hemos sido “justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús”.

Nosotros no podemos decir como Jesús: “Quiero quedar limpio”; sin embargo, podemos, al menos, extender la mano y tocar a estos hermanos en su desgracia, así nosotros al experimentar que para Dios ningún pecado, ninguna miseria es imperdonable, debemos aprender a compadecernos; no condenar ni horrorizarnos, sino ser testigos de la infinita y entrañable misericordia del Señor.

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas
6to. Domingo Ordinario 
11 de febrero de 2024

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