Radio María México- Voz de Esperanza

Nuestra patria está en los cielos

Hoy se celebra la fiesta de la Ascensión de Jesús a los cielos. En la primera lectura el suceso está descrito así:

“Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista.  Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: ‘Galileos, ¿qué hacen ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo volverá como lo han visto marcharse’ ”.

Ésta es, la descripción externa del acontecimiento.  El significado oculto del hecho, por el contrario, nos ha sido ilustrado por san Pablo en la segunda lectura; y es que Dios “resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los cielos”, “sometió bajo sus pies todas las cosas y le constituyó Cabeza suprema de la Iglesia”.  La Ascensión celebra la entronización de Cristo como Señor del universo.

Es curioso escuchar de la boca de los dos ángeles (los “hombres vestidos de blanco) la misma reprimenda que frecuentemente les ha sido dirigida a los cristianos de hoy: “¿Por qué estan mirando el cielo?” “¡Los cristianos!,  en su compromiso de fe es trabajar día a día en hacer presente el reino de Dios, como camino y única vía hacia el cielo”.

La fiesta de hoy nos obliga a reflexionar qué significa la palabra cielo, que aparece continuamente en las lecturas bíblicas, y en el mismo nombre de la fiesta: “Ascensión de Jesús al cielo”.

Para los cristianos, el cuerpo no es un simple “vehículo” o “contenedor” para dejarlo acá abajo.  Está destinado a participar en la gloria junto con el alma.  La resurrección de Cristo y su ascensión al cielo en su verdadero cuerpo están para indicar precisamente esto.  Nosotros queremos ser felices “en esta nuestra carne”, no sin ella, y así será según nos asegura la fe.  El encuentro con el Señor, que viene, o “estar con Cristo” (Filipenses 1, 23): he aquí lo que es el “cielo” para nosotros los cristianos. Más aún: si este mundo es de Dios, creado por él y, asimismo, en espera de la plena redención (cfr. Romanos 8, 19), entonces no sólo no podemos desinteresarnos de su suerte, sino que debemos contribuir a su conservación y a su perfección.  Lejos de quitarnos el deber de mejorar las condiciones de vida en este mundo, la fe en el retorno de Cristo y en una vida futura llega a ser un estímulo formidable, que no deja tranquilo en su pereza a nadie.  El tiempo se nos ha dado para “hacer el bien a todos” decía san Pablo. 

Si el cielo es para nosotros como “el Señor que viene” (cfr. Isaías 40, 10; Mateo 21, 9), entonces, debemos estar siempre vigilantes, porque él ya viene ahora a nosotros en la Eucaristía; viene en el pobre, en el necesitado, en el que sufre.  Antes que nosotros vayamos al cielo, es el cielo el que viene a nosotros.

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Pbro. Jorge Antonio Luna

DOMINGO DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

12 de Mayo de 2024

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